viernes, 12 de marzo de 2010

Inconfundible

Es curioso sentir por primera vez en años la brisa de aquella colina de verdes pastos que se encuentra a unos metros de la plaza del pueblo donde naciste, Esta sensación es exactamente la misma que durante mi infancia inducía mis siestas en las cálidas tardes de verano. No es tiempo de dormir, debo emprender un largo camino y aunque esta sensación familiar me ate a este lugar es hora de seguir por el camino de piedra y llegar pronto a mi destino.
Estoy a mitad de camino y esa brisa ,que mueve la hierba de toda la colina al son de una canción que solo los lugareños podemos oír, se estrella contra mi y hace volar la capucha que mantenía mi rostro entre las sombras, en donde nadie podía verlo. Este viento no deja de seducir mis sentidos, se que no debo permitir que vean mi rostro pero siento que la suave brisa de mi pueblo rozando mis poros lo vale, esta sensación que durante años sentí en mi cara, creo que puedo evocar el rostro de mi madre y su voz cuando esto pasa, ahí esta, en la misma cabaña, sonriéndome, amándome con su miranda, iluminándome con su sonrisa.

A veces lamento ser un asesino, luego recuerdo que no hay marcha atrás.

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